burrro y zanahoria

Me aburre el emprendimiento. Soberanamente. Cada día más. No soporto el halo de postureo que lo rodea ni la hipocresía política de palabrería fácil, pero sobre todo no soporto a las pirañas de diente afilado que van a la tendencia como las moscas a la mierda.

No hace demasiado dejé de sentir orgullo por pertenecer al ecosistema emprendedor de este país. Por todo lo anterior, por todo en lo que el emprendimiento se ha convertido en apenas 3 años. Somos los salvadores de este país, o al menos eso nos dicen aquellos que lo han reventado a palos, las mismas pirañas de las que antes hablaba y cuyo discurso de adulación al nuevo empresario enmascara una clara maniobra de contención.

¿Por qué si no han nacido aceleradoras y escuelas de emprendedores? ¿Por qué si no han salido business angels como hongos en otoño? ¿Por qué los políticos intentan legislar en un campo que representa todo lo contario a sus valores? Lo tengo claro: por miedo. Miedo al talento, a la innovación, a los huevos y ovarios de arriesgarlo todo por un sueño… Miedo a que todo eso que creían tener controlado ponga en riesgo lo caliente que tienen el culo en sus puestos de poder. En resumen, miedo al cambio. Porque el cambio no es solo Pablo Iglesias (a quien por cierto, se la pela el emprendimiento o al menos eso se deriva del discurso de PODEMOS), también es esto.

Mientras que a unos los frena y silencia el Gobierno con leyes de vergüenza, a nosotros, los emprendedores, nos han reservado ser marcados por los peces gordos, los moneyman de este país. Muchos de ellos, magnates y grandes empresarios castigados por la crisis que añoran poder volver a estafar y absorber ilusiones de gente con sueños por cumplir. Pillería española llevada a su máxima expresión. Delito impune.

El mecanismo es simple. A nosotros nos falta la pasta. Ellos tienen de sobra. Lo siguiente fluye solo y de un modo muy sencillo: “Vente con nosotros, te dejamos el dinero, nuestro equipo te asesora (mentores), te presentamos a más de los nuestros (contactos, lo llaman)…”. Y tú, que quieres sacar adelante la empresa como sea, aceptas. Date por jodido, pues en el momento en que alguien de este mundillo te presta dinero su objetivo número 1 es recuperarlo. A toda costa. Bueno en este mundillo y en cualquier otro, que se lo pregunten a Grecia y a Varoufakis.

Todo esto lo cuento con conocimiento de causa. Después de ver a un estafador de la construcción – dueño de una aceleradora – tirar por la borda el sueño de una emprendedora en 5 minutos y adaptarlo a su gusto. Después de escuchar a uno de los business angels más potentes de este país decir que “las decisiones las toma el que pone la pasta. Tú las acatas y si no ya sabes dónde está la puerta”. Después de asistir atónito a que una de las figuras más fuertes de una empresa top 50 del país reconozca sin escrúpulos haber robado ideas de emprendedores que le han llegado.

Y sabéis qué es lo peor de todo. Que la mayor parte de nosotros lo aceptamos. Que estamos encantadísimos de formar parte de este show business. En definitiva, que detrás de nuestra aventura del emprendimiento no hay nada más que ganar dinero y con suerte hacernos con el puesto del que le pone la zanahoria al burro. De aquel que un día nos la quiso poner a nosotros. Y yo, por ahí no paso.

 

Prometo continuar con la saga de posts con el único objetivo de dar a conocer el otro lado del emprendimiento. Ese del que raras veces te enteras.

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